
¿Dónde están los Cuen? ¿qué han hecho todo este tiempo? ¿por qué no han actualizado este blog? Si usted lee este post en el orden correcto y con el ritmo adecuado, debería encontrar la respuesta a estas y otras preguntas en ocho párrafos y cuatro minutos de lectura. Además de saber, claro, qué pasó en estos 199 días en los que este blog sólo acumuló un poco de polvo.




Octubre: El otoño llegó y se llevó un verano en el que el “Cuen Bed and Breakfast” estuvo completamente lleno con la visita de muchísimos amigos provenientes de México y otras latitudes. Nos llegó el turno entonces a nosotros y nuestros anfitriones fueron Andrea, Emma y Christophe. El destino: Cognac, la cocina: deliciosa, el lugar: hermoso, la experiencia: espectacular, nuestro francés: lamentable.
Noviembre: Un abrigo multicolor se apoderó de los Cuen, y de Franco en particular por lo que raudos y veloces nos aprestamos a ir al corazón del West End a ver y escuchar a Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat. Y así entre lluvia y visitas al Nando's (un restaurante sudafricano con comida portuguesa, pero sobre todo ¡¡picante!!!) pasamos este mes en el que recibimos más visitas y fuimos anfitriones de una que otra reunión.
Diciembre: “Prevously on Lost”. La frase nos atrapó y el programa también. En algún momento del inicio de diciembre se nos ocurrió ver el primer episodio de la primera temporada y fue entonces cuando perdimos la noción del tiempo y el espacio. Primero fuimos Edna y yo, un episodio después Pablo preguntó de qué se trataba y al cuarto episodio que veíamos en fila, Franco se asomó, le resumimos la historia, y los cuatro quedamos enganchados hasta el fin de la tercera temporada de Lost y de la temporada decembrina de Londres. Nos permidos las chestnuts, las pistas de hielo y los villancicos, para convertirnos en fanáticos empedernidos de una ficticia isla de ubicación desconocida.

Enero: El año nuevo nos tomó corriendo cerca de Tower Bridge brindando con champaña y celebrando unos merecidos días de descanso. La falta de luz -oscurecía a las 3:30 pm- se mitigaba con un frío menos intenso que el año anterior. A pesar de ello Edna fue una vez más a una de las fiestas de su empresa que en esta ocasión se engalanó con los Oscar, por lo que con vestido largo y toda la cosa, Nenar se llevó el premio de la academia. Fue, sin embargo, un mes de mucho trabajo para los cuatro en nuestras cuatro distintas dimensiones, el cual se vio coronado con la llegada del primer capítulo de la nueva temporada de Lost. El mes cerró con un festejo muy especial en las Islas Británicas: el décimo quinto aniversario del Cuentos y Nenar celebrado románticamente al norte de Greenwich.. allí donde el meridiano marca el tiempo.
Febrero: El mes del amor y la amistad nos llevó a recorrer varios museos y a nadar a brazada suelta en las albercas que existen por aquí. Franco siguió aprendiendo francés y alemán en la escuela, mientras Pablo continuaba sus clases de basketball, batería y judo. También llegó "The Constant" a Lost y uff épico episodio.
Marzo: El mes de Pablo. Nuestro maravilloso benjamín cumplió 9 años y lo hizo con estilo. Lo celebramos con tremenda cena e ida al cine. Ahí no acabó la cosa, claro. Senda fiesta ocurrió en casa de los Cuen, la que se vio invadida por sendos hobbits de todos tamaños, colores y gustos. Festejamos, por supuesto, St Patrick's Day y después Franco partió a Bélgica, a visitar los campos donde se llevaron a cabo alguinas epopéyicas batallas de la I Guerra Mundial. El mes lo cerramos con otra guerra, pero deportiva. En el Craven Cottage, el estadio del Fulham, México venció en el fútbol 2-1 a Ghana en una noche en la que Franco y Pablo se reencontraron con su patria.

Lo que va de abril: Los días pasan rápido y la primavera se afianzó con el verde en el paisaje y las flores brotando... ¡ah no, perdón, todo lo contrario! Llegó un viento gélido y durante tres días la nieve hizo su aparición en la capital británica para recordarnos que el calentamiento global es algo más que un mito. Franco (pobre!) se lo perdió porque estaba de viaje en Alemania y Polonia. Durante una semana se ausentó del hogar para visitar Berlín y Cracovia. La visita escolar a fin de explorar la II Guerra Mundial y la Guerra Fría incluyó una visita al campo de concentración de Auschwitz; una experiencia que se quedó en Franco para recordarle que aquellos que olvidan la historia están condenados a repetirla. Y por si cabía duda de la cultura mexicana en el globo terráqueo, Franco visitó (tras ir a una mina de sal) un restaurante mexicano en Cracovia en donde (qué envidia!) desgustó consomé y mole con pollo, además claro está de recibir descuento por ser el único mexicano entre 30 chamacos ingleses. ¡Faltaba más!

Me da muchísimo gusto encontrarme en unos minutos con las historias de ustedes.
Saludos a la familia y a los hijos, y nunca olvides a los compañeros de El Economista.
Paloma Alcántara